Colombia, la adolescencia y caso Miguel Uribe

 


Hoy tenía pensado publicar un escrito sobre la esperanza y la incertidumbre del estudiante rural de las escuelas públicas de Colombia. Sin embargo, me sorprendió la noticia del atentado contra el senador Miguel Uribe. Como venia conduciendo en el trayecto pensé las siguientes cosas, que trato de ordenar ahora para incentivar la reflexión en ustedes.

En la escuela hay una asignatura llamada Cátedra de la paz. ¿Si le darán la importancia los entes territoriales de educación, los padres, los directivos, los profesores, los niños y adolescentes en las escuelas? A través de la Ley 1732 de 2014, se implementó. Me pregunto, después 10 años de su expedición, ¿Esta contribuyendo desde la realidad evidente a la paz y a la disminución de la violencia en las escuelas y en los territorios? ¿Hay alguna metodología, de parte del Estado, que mida el impacto que esté teniendo esta cátedra en los territorios de Colombia y sus escuelas? Desde la percepción de nuestro día a día, en la interacción de la cotidianidad, ¿podríamos decir que la cátedra de la paz está contribuyendo en el avance de que seamos una sociedad más pacifica hoy en el 2025 en comparación con el año 2014?

El presunto sicario que disparó contra el senador Miguel Uribe, tiene la edad de 14 años, según informa el Diario El colombiano.com. Un adolescente victimario de un hecho delincuencial grave; una víctima, a su vez, dirían los psicólogos y sociólogos por la edad. A quién culpamos ¿A la familia? ¿a la madre solamente? ¿solo al padre? ¿a la sociedad? ¿al barrio? ¿a la banda criminal que lo reclutó? ¿a la escuela? ¿solo al adolescente? ¿el hecho de haber sido producto de un embarazo no deseado?  o ¿a Dios porque permite tanto mal?

La familia (madre y padre) es el primer garante de la tutela de los hijos. Esa familia que la Constitución del 91 llama eje central de la sociedad, en gran parte está en crisis. Y esa crisis se refleja en el comportamiento de los adolescentes en la sociedad. La escuela le han dado indirectamente la responsabilidad que supla vacíos que debe llenar la familia. Y eso nunca la escuela lo logrará.

La escuela capacita y ayuda; la familia educa e instruye la moralidad del hijo. Pero por estas circunstancias a un adolescente, de cualquier estrato, no se les puede eximir de sus responsabilidades. Pues ellos están dotados de su propia consciencia. La permisividad y el victimismo radical y plenamente subjetivo nos está llevando a tener en la sociedad adolescentes con actitudes indeseables y maleducadas, que están generando daños a terceros incontrolablemente.

Este hecho lamentable que afronta Miguel Uribe, nos debe poner a pensar como estamos alimentado intelectual y espiritualmente a nuestros niños y adolescentes. Esas novelas, series y películas que hacen apología a la violencia, al narco y a la vida fácil, enmascarándolas con la justificación de crear consciencia, están logrando es estimular la emulación de tales conductas.

Hay una ausencia de Dios en las escuelas y en algunas familias que nos está pesando. La figura de la autoridad está disminuida. Al parecer no hay un referente de lo justo que respetar. 

Hoy se desdibuja la protección de la vigencia del orden justo del que habla la Constitución. Porque todo lo justo esta encuadrado en la irresponsabilidad de ejercer derechos sin control a la edad adolescente como el libre desarrollo de la personalidad, la libre expresión y la libertad. Hoy la percepción es la regla general. No hay un derrotero ÉTICO guía que tenga la sociedad. Esto se evidencia en decisiones que ha impuesto la Corte Constitucional, irracionalmente, como, por ejemplo, en las escuelas no se pueda exigir que los adolescentes vayan con cortes de cabellos específicos, que se les prohíba los aretes y ciertos accesorios, o que vayan vestidos con cierto decoro como lo exija el Manual de Convivencia de los colegios públicos, porque de esa manera se está vulnerando derechos.

La escuela ha perdido poder de corrección en varios aspectos. Una escuela guía al adolescente dentro de toda la incertidumbre y la certidumbre de conocimientos en las cuales divaga.  Después de los 18 años decidirá si sigue esa guía o no, porque se considera que ya tiene la libertad para ejercer su personalidad con mayor responsabilidad. Hoy les exigen a las escuelas públicas formar estudiantes integrales, mientras que se les atan las manos para actuar con cierta facultad para moldear desde algunos valores éticos esenciales. Sin olvidar, que hay familias que ven la escuela como un enemigo.

Los estudiantes de escasos recursos de las escuelas públicas, rurales y urbanas, son vulnerables de caer en los malos pasos en comparación con los de mejores recursos y familias más estables. El victimario de Miguel Uribe, es un ejemplo, entre muchos, de cómo en las escuelas públicas deben prender las alarmas al identificar estudiantes susceptibles de ser potenciales delincuentes más que profesionales. Todos los días hay gritos de libertad para los jóvenes que apoyan ciertas entidades u ONG, pero me pregunto ¿Por qué no exigen y se hacen más campañas de consciencia de la responsabilidad en los adolescentes?

La familia debe ser recuperada como eje central de la sociedad. La familia debe tener la potestad libre de criar sus hijos con sus valores positivos sin intervenciones arbitrarias de la Corte Constitucional. Y las escuelas deben dárseles más potestades de elaborar sus Manuales de Convivencia con el rigor de su ciudadano ideal, porque cada habitante desde sus 18 años tiene la libertad consciente de decidir hacia dónde quiere seguir.  

Hoy la familia, el Estado y la escuela en una medida considerable, estamos perdiendo terreno con la delincuencia, las bandas criminales y la ilegalidad en los sectores más vulnerables económicamente donde viven nuestros adolescentes. Pero ese camino se puede corregir con el rigor de formar con realidad desde a la familia en valores básicos como el respeto, la solidaridad, la libertad consciente y la responsabilidad en nuestros jóvenes.

Desde el Estado con una política de seguridad robusta e inflexible contra la delincuencia; complementada con la ampliación de la oportunidad de mejora económica en las zonas vulnerables.  

Desde la escuela formando académicamente con calidad; complementando la formación integral desde una ética basada en la comunicación, la exigencia, inculcando el esfuerzo como camino de progreso contra la vulnerabilidad y la pobreza, sancionando la indisciplina con seriedad respetando el debido proceso, estar dispuestas a abrir espacio de escucha al estudiante para conocer sus incertidumbres, formar desde un perfil del egresado coherente y evidente, y crear ambientes de seguridad al estudiantado con el cumplimiento de un manuel de convivencia aplicado.

Nota: Dios quiera, y Miguel Uribe se recupere. Oro por él, porque en una sociedad puede haber desacuerdos, pero nunca se puede  justificar la violencia como solución. Y ojalá, conozcamos la paz, en el sentido de la ausencia de violencia delincuencial y armada, antes de que sea tarde.

Dios bendiga a Colombia.

 

 

  

 

 

  

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