MIGUEL URIBE: ¿no debe haber honra para un opositor ?


“No nací para compartir el odio, sino el amor.”

Antígona


Por: Francisco Jiménez Barrios  

“ANTÍGONA: Y, ¿cómo no, pues? ¿No ha juzgado Creonte digno de honores sepulcrales a uno de nuestros hermanos, y al otro tiene en cambio deshonrado? Es lo que dicen: a Etéocles le ha parecido justo tributarle las justas, acostumbradas honras, y le ha hecho enterrar de forma que en honor le reciban los muertos, bajo tierra. El pobre cadáver de Polinices, en cambio, dicen que un edicto dio a los ciudadanos prohibiendo que alguien le dé sepultura, que alguien le llore, incluso”.

La anterior, es una cita de una de las obras más cumbres de Sófocles, que se titula con el nombre del personaje que se expresa en el dialogo.  Para los griegos los “honores” a un muerto era algo solemne y trascendental. Prohibirlo era un castigo horrible para la familia del occiso y el fenecido mismo. Negar la sepultura, era negar el tránsito al más allá con dignidad.  

Estoy seguro que si hubiese la capacidad, para muchas personas, de negar la sepultura de Miguel Uribe, como Creonte a Polinices, lo hubiesen hecho, a causa del odio y la oposición irracional. Desde el atentado que sufrió el joven político, se establecieron tesis infundadas. Unos decían que había sido un autoatentado. Otros se atrevieron, en redes, a cuestionar el por qué no se mantuvo la tapa del féretro abierta, insinuando que había una manipulación o conspiración para engañar a Colombia, estableciendo una duda en la muerte real del exsenador. También, evidencié cierta satisfacción, en algunos ciudadanos, por la muerte desdichada y cruel del bogotano. Frente a esto último Dios nos enseña que: “no te alegres cuando tu enemigo caiga; que no se alegre tu corazón cuando él tropiece, no sea que el Señor lo vea, y le desgrade, y deponga su enojo contra él”.

Más allá de las diferencias y las contradicciones que tengamos hay líneas que no se pueden cruzar, dado que lastiman el honor de la persona. La muerte es la ausencia total de la biología  y la consciencia  del ser humano sobre la tierra. Por ello, mofarse  y no guardar decoro frente a la muerte es triste; y demuestra que los odios no conocen de respetos y límites. Afirmar que Miguel Uribe no merecía estar en Cámara Ardiente del Congreso es como decir que no debió ser senador por el simple hecho de pertenecer a x o y partido. Opinar desde la ira y el odio ciega la razón y el sentido común; y más aún la sensibilidad. Es urgente que en Colombia nos hagamos un autoexamen de consciencia frente a tales actitudes. No se trata de que ahora todo ciudadano deponga sus diferencias con las ideas y acciones frente al occiso, pero lo que si no da derecho es denigrar el nombre de alguien  que ya no se puede defender frente a actos que no están comprobados como de ser un asesino.   

Algunos dicen que a Miguel lo asesinaron los mismo de la derecha usando estrategias viejas para ganar votos. Otros dicen que fue la izquierda porque lo veían como precandidato fuerte. Sea cual sea la causa y sea quién haya sido, es grave que después de mucho tiempo haya sucedido de nuevo en Colombia un magnicidio. En total van 97 a lo largo de la historia según alude Carrizosa (2025). En Colombia nos hemos acostumbrado a abusar de la libre expresión sin la responsabilidad de tener las evidencias siquiera sumarias para sostener lo expresado, y no crear suspicacias y rumores nacionales. Ya Dios también enseñó que: “No propagarás falso rumor; no te concertarás con el impío para ser testigo falso”. Hasta que no se dé un resultado confiable y con evidencia irrefutable, toda afirmación será sólo ruido.

Ahora bien, lo grave es que en el país no se ha   disminuido ni se ha superado la violencia. Y que aún vivimos en una nación dividida y obstinada entre sí. No hay que negar que muchas de estas responsabilidades las cargan las distintas clases políticas que han estado al frente del manejo administrativo de la patria colombiana. Hay una fórmula o varias fórmulas que no han funcionado; y más que de recetas, el problema está en la actitud que asumimos entre compatriotas al mirarnos con desdén histórico generando un enemigo con el cual llegar a acuerdos no es una opción al parecer. “Libertad o muerte” como he escuchado en algún escenario.  Ya lo planteó Dios, en un país dividido jamás habrá prosperidad.  

“Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer. Y si Satanás se levanta contra sí mismo, y se divide, no puede permanecer, sino que ha llegado su fin

Mientras los políticos se devoran entre sí, los verdaderos sujetos que hacen daño se hacen fuertes: las guerrillas, los paracos, el ELN, los corruptos, los narcotraficantes, las disidencias de las Farc, la delincuencia común, los presos extorsionadores, etc. El mal nos llevará ventaja mientras no combatamos la verdadera maldad con justicia, castigo proposicional, verdad, fortalecimiento integral del concepto de seguridad y no repetición garantizada por una robusta democracia basada en la equidad evidenciable y oportunidades que respalden al ciudadano con voluntad de crecer, servir y construir.

Además, de dejar de escudar con los derechos humanos a esos bandidos que no significa nada para ellos los derechos humanos de los demás. La paz no se logra solamente ondeando banderas blancas, sino con dialogo y carácter fuerte frente a quien no quiera conversar y escuchar. Porque ya también lo dijo La Biblia, hay gente que ama el mal. Y está más que demostrado que los grandes jefes y muchos de sus súbditos de los diversos grupos delincuenciales aman su estilo de vida: hacer el mal y lucrarse desde él.  Estos si son los verdaderos enemigos y no deberían ser entre sí los políticos sabios y decentes.  

La muerte de M. Uribe debe llevarnos a bajar el lenguaje de odio de lado y lado; y los que estamos en el medio contribuir a que se moderen las partes. En medio del ruido no se toman buenas decisiones. Por eso nos seguimos equivocando desde hace más de 70 años. La guerra y los odios no nos dejan mirar el panorama.  Ya ese mal ejemplo se vivió con la guerra bipartidista que no dejó sino dolor, impunidad y muerte. Colombia es panorama no puntos.

La nación está en un momento crítico por diversas razones donde tienen cuotas de responsabilidad los bandos políticos oficiales y opositores; pero también tenemos una cuota los demás estamentos de la sociedad.  Hemos normalizado la agresión política. Hemos hecho de la política algo vulgar; y escaza de sabiduría y vehemencia racional y sensible. Las redes se han llenado de ataques ignominiosos frente a la muerte de una figura pública que independiente de si nos gustaba o no, merece respeto tanto de parte de la izquierda y la derecha que están usando el nombre de alguien con propósitos indiscriminados que ya está ausente de nuestra dimensión caótica.

En fin, independientemente de la orientación sexual, política, cultural, social y de pensamientos, el honor por y de nuestros muertos es un mandato supremo que sigue vigente desde los griegos. Y ya Eclesiastés no los enseñó antes que Grecia: “No hay quien tenga poder sobre la vida, como para retenerla, ni hay tampoco quien tenga poder sobre la muerte. No hay quien escape de esta batalla. Al malvado no lo salvará su maldad”.  Es claro que todos en algún momento estaremos en los zapatos de Miguel.  Paz en su tumba.

Nota: con este escrito corro el riesgo posiblemente de que me etiqueten de anti izquierdista o de derecha o del centro democrático, o en mejor de los casos de tibio. Esto puede suceder, ¡claro que sí!, dependiendo de la actitud con que se lea; y se puede evitar leyendo lo que realmente dice para develar lo que en verdad quiero significar.

 

 

Referencia:

Carrizosa, C. (14 de agosto del 2025) Banderas a media asta. El Espectador.com https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/cristinacarrizosa/banderas-a-media-asta/

Sófocles. Antígona. https://ciudadseva.com/texto/antigona/


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