¿La escuela pública sostiene la pobreza en lugar de superarla?

 


   La pobreza monetaria para 2024 representó el 31,8% de la población (mínimo de los últimos 13 años). Por otro lado, la pobreza extrema para ese mismo año se ubicó en el 11,7% (5,8 millones de personas). Hay que anotar que, sin transferencias institucionales (ayudas o subsidios), la pobreza monetaria habría sido mayor (DANE, 2024). Asimismo, el ICBF señala que en hogares con niños menores de 12 años se han presentado reducciones en la pobreza, aunque continúa evidenciándose como un reto significativo.

     Los hijos de las familias recogidas en estos datos son, en gran proporción, quienes asisten a la escuela pública, tanto rural como urbana. Las preguntas que surgen, como a muchos, son: ¿existe una incidencia directa entre el ingreso financiero de una familia y el sentido que le encuentra el infante o el adolescente promedio a asistir a la escuela? ¿Tiene mayores oportunidades de aprendizaje el estudiante que pertenece a una familia con estabilidad económica que le garantiza una alimentación mínima de calidad y recursos materiales y didácticos que apoyan a la escuela? ¿El programa de alimentación escolar, en gran proporción, tiene un impacto directo en el mejoramiento del interés y rendimiento académico de los estudiantes?

     En lo personal, considero que los gobiernos, en sus distintos niveles, deben generar políticas de Estado que ofrezcan oportunidades, libertades, empoderamiento, aprendizajes y/o herramientas integrales, donde las familias y los ciudadanos puedan convertirse en generadores de su propia riqueza y sostenibilidad; lo cual se traduciría en una reducción progresiva de ayudas (a veces ineficientes, clientelistas o orientadas a mantener la permanencia del estudiante sin que prevalezca la motivación intrínseca), como el Programa de Alimentación Escolar (PAE) y múltiples subsidios. De esta manera, a la educación pública se le podrían redireccionar mayores inversiones que apunten a una mayor calidad, y habría presencia de estudiantes con mejor autoestima e interés, lo que haría que cobre sentido la necesidad de asistir a un aula de clases.

    Silvia Montoya, directora del Instituto de Estadísticas de la Unesco, en entrevista con la BBC, expresa que, dentro de las múltiples dificultades que pueden existir en los problemas de comprensión lectora que presentan de forma dramática los discentes, la “propia situación socioeconómica de los estudiantes”, quienes provienen de hogares con menores ingresos o cuentan con menor apoyo familiar, constituye una incidencia importante en su aprendizaje (Bermúdez, 2017).

    Por su parte, Hogenboom (2018), en un reportaje que cita a Sheehy-Skeffington sobre un estudio de la psicología de la pobreza, anota que:

“…aquellos con pocos ingresos tienen una menor sensación de control sobre su futuro: si piensas que no puedes controlar tu futuro, tiene (sic) sentido invertir la poca energía o dinero que tengas en mejorar la situación actual (…) El buen rendimiento mental se ve afectado cuando enfrentamos dificultades financieras y, cuando existen esas dificultades, la capacidad para planificar el futuro y tomar decisiones importantes también se ve afectada negativamente” (ibidem).

    Si el Estado colombiano desea realmente comenzar a transformar la sociedad como una nación cooperante, equitativa y próspera, debe promover que a las escuelas lleguen estudiantes pertenecientes a familias capaces de generar ingresos dignos y sin pensamientos subsidiaristas (no se trata de que todos seamos ricos o multimillonarios). Sin embargo, es claro que “la educación también sirve para dividir a la sociedad de muchas maneras. Los niveles educativos más altos están vinculados a mejores ingresos, salud, bienestar y empleo” (Hogenboom, 2018).

     El educacionalismo y la política de permanencia educativa, sin un cambio agresivo y simultáneo en el factor socioeconómico de las familias, niegan la posibilidad de que la escuela pública se convierta verdaderamente en una aliada de superación para los ciudadanos infantes y adolescentes que la conforman. Esto se valida con el documento La educación en Colombia (2016) del Ministerio de Educación Nacional, que afirma: “El origen socioeconómico y la ubicación de un estudiante aún tienen demasiado impacto en el acceso a la educación y en sus logros” (…) “La expectativa de vida escolar de los estudiantes con las peores condiciones de pobreza es de solo seis años, en comparación con 12 años de los más ricos” (MinEducación, 2016, pp. 16-17). Y, a pesar de que se señaló hace varios años, sigue vigente según la OCDE (2024): “Colombia enfrenta significativas disparidades educativas que dependen del estatus socioeconómico y la ubicación geográfica”.

     En énfasis, si se trabaja con seriedad y compromiso desde el Estado para sacar progresivamente al 31,8% y al 11,7% de las familias de la pobreza monetaria y la pobreza extrema, inculcando la oportunidad real de emprender, aprender, producir, con garantías de libertad económica y generación de ingresos propios, se tendría la posibilidad de contar con estudiantes desayunados, con mejor autoestima y con mayor disposición cognitiva y actitudinal para asumir la escuela con interés intrínseco. De esta manera, las políticas de subsidios quedarían expresamente destinadas a casos excepcionales, sin olvidar cómo se vería beneficiada la alianza familia-escuela.

            Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). (2024). Estudios económicos de la OCDE: Colombia 2024. OECD Publishing. https://doi.org/10.1787/e61e16ad-es

Ministerio de Educación Nacional. (2016). La educación en Colombia. https://www.mineducacion.gov.co/1759/articles-356787_recurso_1.pdf

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2024). Pobreza monetaria en Colombia. https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/pobreza-monetaria

Bermúdez, A. (2017). Por qué tantos niños no entienden lo que leen. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/vert-fut-42654382
          Hogenboom, M. (2018). Cómo la pobreza afecta el cerebro y la toma de decisiones. BBC Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-41422087

Por: Francisco Javier Jiménez Barrios

Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL PELIGRO DENTRO DE LA DEMOCRACIA: EFECTO CRUCIFIXIÓN

¿LGTBIQ+ O EXCEPCIÓN DE LA PERSONALIDAD DIGNA DE RESPETAR? EL ASUNTO DE LA IDEOLOGIA DE GÉNERO