¿POR QUIÉN VOTAR?


No pongan su confianza en príncipes ni en ningún otro hombre,

porque no pueden traer la salvación. Sale su aliento,

 y el hombre vuelve al suelo;

ese mismo día se acaban sus pensamientos”

 (Salmo 146:3, 4).

Los seres humanos no somos una tabla rasa. Tenemos creencias, verdades, influencias, conocimientos, especulaciones o equívocos que nos permiten tener intereses personales o apoyar intereses comunes. Toda esta condición se traslada a la política, pues, como decía Aristóteles, todos somos animales políticos. Bajo esta premisa, me sorprende cuando se vende la idea de que los creyentes cristianos no podemos participar en política. Tal idea es errónea porque no hay nada más político que Dios. Recuérdese que existe un Reino Divino y que, terrenalmente, Dios puso reyes como Saúl, David y Salomón, entre otros. Dios de los ejércitos, Rey de reyes y Señor de señores.

Sin embargo, téngase presente también lo que Jesús dijo: «Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios». Esto significa que las cosas de Dios están por encima del sistema político de los hombres y que no hay que mirar a los gobernantes terrenales como si fueran dioses. No obstante, la Biblia resalta el respeto por lo que cada sistema terrenal establece y exige, sin mezclar las cosas propias de Dios con las del ámbito político. Por tanto, un creyente no puede usar la Palabra de Dios para manipular deliberada y malintencionadamente, ni utilizar la Biblia en nombre de Dios para cometer atrocidades. Aunque sus convicciones judeocristianas deben ser guía y luz de su accionar y obrar en cualquier contexto de su vida, incluyendo la política.

Por lo tanto, resulta incoherente que un cristiano, sea católico o evangélico, apoye ideas delicadas como el favoritismo hacia el aborto intencional, el suicidio asistido, aberraciones sexuales intencionadas encubiertas en políticas públicas, el abandono al pobre, el desorden ético, la rebeldía institucional injustificada, el apoyo al malvado y a quienes hacen daño a las personas que luchan por hacer el bien y lo correcto, así como el desprecio por el trabajo duro y el esfuerzo, entre otros aspectos.

Es claro que la democracia es compleja y que en ella debemos caber todos; sin embargo, esto no justifica que se acepte trasladar al ámbito público todo deseo o interés que pertenece propiamente a la esfera privada. Verbigracia, la promoción del cambio de sexo desde la niñez, como ocurre en algunas clínicas colombianas, entre ellas la Fundación Valle del Lili.

Soy consciente de que un hombre o una mujer no van a solucionar todos los problemas de la humanidad o de un territorio. Sin embargo, es innegable que «cuando predominan (gobiernan) los justos, la gente se alegra» (Proverbios 29:2). Y por justo entiendo, para el contexto humano, a aquel ser humano que, aun no siendo perfecto, se esfuerza por hacer lo correcto en beneficio del interés general de la nación.

En esa medida, como creyente, trato de identificar entre los candidatos presidenciales quién podría acercarse más a ser justo, a guardar el orden y a intentar hacer lo correcto en su administración; aun cuando sé que no es un ser humano intachable, sí puede convertirse en un instrumento para realizar buenas obras.

En concordancia con lo expresado, puedo decir que voy a votar por el candidato que más se aproxime a principios, valores o ideas como:

1.      El líder no busca ser servido, sino servir a los demás (Marcos 10:45).

2.      No hagan nada por rivalidad o por orgullo; más bien, con humildad, consideren a los demás como superiores a ustedes mismos. Ninguno busque solamente su propio bien (Filipenses 2:3-4).

3.      A los hombres rectos los guía su rectitud (Proverbios 11:3).

4.      Ten presente al Señor en todo lo que hagas y Él te llevará por el camino recto (Proverbios 3:5).

5.      La sabiduría comienza por honrar a Dios (Salmos 111:10).

6.      La familia como eje central del orden social.

7.      Promover la disciplina, el orden y la oportunidad.

8.      El matrimonio como unión y base para la estabilidad social.

9.      Trabajemos y luchemos día y noche para no ser carga para otros. Trabajen tranquilamente para ganarse la vida (2 Tesalonicenses 3:8-12).

10.   Amar al prójimo como a ti mismo (Mateo 22:39).

No puedo ignorar que hago parte de una sociedad diversa y multicultural. Pero ello no significa que tolerarla y respetarla equivalga a renunciar a valores, principios e ideas que considero bastiones capaces de llevar a Colombia por un camino más próspero, libre, seguro y estable a largo plazo para todos.

Cada ciudadano tiene sus convicciones, y es respetable que así sea. Por ello, nadie debe imponerlas. Sin embargo, eso no impide que estas se compartan y se socialicen para invitar a la reflexión sobre si vale la pena mantenerlas o reconsiderarlas.

Bajo esta idea, invito a que votemos el 31 de mayo de 2026 libres de miedo, presiones o dádivas, pensando en qué tipo de valores y principios coherentes queremos que gobiernen nuestro país durante los próximos cuatro años.

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