EL IMÁN QUE SOMOS
La fuerza superior. La presencia de lo
divino. La existencia del Dios omnipresente y omnipotente de la eternidad, es
tema, por decirlo así, de todas las comunidades humanas en el mundo. Es decir, toda cultura a través de los tiempos
ha creído, ha sospechado o ha negado la existencia de un Ser superior creador
del mundo y/o guía rectora de la existencia. Tal asunto transversaliza la
vida. No hay época donde no se haya
generado discusión constante sobre la presencia de un dios o Dios, ya sea,
cristiano, judeocristiano, islámico, etc. En relación a ello, los poetas han
tratado sobre la presencia de la divinidad de un Ser superior.
Uno de esos vate ha sido Juan Ramón Jiménez, poeta español nacido
en Morgue, quien ha sido uno de los más
grandes poetas de todos los tiempos, expresa a través de un hablante lírico
observador y activo en “Estás cayendo siempre hasta mi imán”, así:
En mar
pasas, en mar acumulado con todas las bellezas, tú,
consiguiendo
dios de la mar, de mi mar.
Tú eres el sucesivo, lo sucesivo eres; lo
que siempre vendrá,
El que
siempre vendrá; que eres el ansia abstracta, la que nun-
ca se
fina, por que el recuerdo tuyo es vida tanto como tú.
Sí; en masa de verdad reveladora, de
sucesión perpetua pa-
sas, en
masa de color, de luz, de ritmo; en densidad de amor
estás pasando,
estás viniendo, estás presente siempre; pasan-
do estás
en mí; eres lo ilimitado de mi órbita.
Y me detengo en mi a lijeración, porque en
el horizonte del
Espacio
eterno estás cayendo siempre hasta mi imán. Tu suce-
sión no es fuga de lo mío, es venida impetuosa de
lo tuyo, del
todo que
eres tú, eterno vividor del todo; caminante y camino
a fuerza
del pasado, a fuerza de presente, a fuerza de futuro.[1]
El hablante de este poema comienza contemplando
la inmensidad: el mar. Identifica a ese Ser (Dios) con la inmensidad. Y lo pone
como dueño de ese ente de agua. En esta primera parte se evidencia algo común
en la cosmovisión de todas las culturas creyentes: inmensidad y Dios es lo
mismo, es decir, Dios es igual a inmensidad y el dueño de la inmensidad de las
bellezas. La omnipresencia de Dios sería
el medio ambiental, o sea, está en todo lo que nos rodea.
Por otra parte, la palabra ‘sucesión’ en el
desarrollo de los versos prosaicos aparece en cuatro (4) ocasiones, señalando la
presencia de Dios en el pasar de los tiempos y para todos los tiempos. Sucesión
es la “serie continuada de elementos que se siguen en el tiempo” [2],
contextualizando la definición, sería equivalente a decir la continuidad de Dios; de ese Dios inmenso en el tiempo. Pero, esa sucesión no es la
trasferencia usual que se haría cuando alguien
muere y deja a los que siguen en vida
unos bienes o entes, sino que aquí es eternidad; entonces, sucederse es ser
eterno. El Dios eterno: “de sucesión perpetua” (…) “estás presente siempre”.
Transcendencia más allá del hombre.
El punto más interesante que noto en el
poema y, a mi juicio, lo que hace
distintivo la voz del hablante sería su visión siguiente: la necesidad del
hombre de ser siempre guiado por un Ser
superior. Somos un imán, tenemos la necesidad de atraer cosas que aparentemente
están fuera de nosotros, es decir, hay una dependencia por Algo. Estamos
atrayendo algo constantemente por necesidad, para estar más tranquilos y caer
menos en la alijeración de la vida: “Y me detengo en mi alijeración, porque en
el horizonte del Espacio eterno estás cayendo siempre hasta mi imán”. ¿Quién no
siente la necesidad de creer en algo o en alguien divino o sobrenatural?
Podría decirse que, la autosuficiencia espiritual del ser humano se niega.
El espíritu tiene constante necesidad.
Y la fuerza de Dios siempre estará en el mundo “a fuerza del pasado, a fuerza
de presente, a fuerza de futuro” para llegar al hombre, a su espíritu.
[1] Las
ínsulas extrañas: antología de la poesía en
lengua española (2002). España. Círculo de Lectores, p.65.
[2] http://www.wordreference.com/definicion/sucesi%C3%B3n
Por:
Mg. Francisco Jiménez Barrios
4 de mayo del 2025

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