LA FE EN DIOS, LA DILIGENCIA Y LA PACIENCIA

En términos de ortodoxia religiosa, no soy cristiano: no creo en la divinidad de Cristo, ni que sus palabras sean sagradas, porque no creo en dioses ni en otras vidas. Pero mi ateísmo, que es manso y escéptico, nunca me ha impedido reconocer la sabiduría y belleza de gran parte de las enseñanzas de Jesús en los evangelios, que he leído muchas veces.

Rodrigo Uprimny, Grandeza de Cristo para los no creyentes. El Espectador.com

La figura del hijo de Dios es universal.  Creería que en los cuatro puntos cardinales del mundo el nombre de Cristo resuena. Hoy tengo la intención de dar un testimonio de fe, porque creo que es obligación de un cristiano, sea católico o de cualquier otra iglesia amparada por Dios, dar a conocer su poder inmensurable cuando se manifiesta en la cotidianidad de nuestras vidas. Para los no creyentes o ateos mi manifestación puede sólo servir de reflexión para entender un poco la dinámica misteriosa de la vida.

Seré discreto y prudente para cuidar el buen nombre de las entidades. Hace no más de 6 meses emprendí una lucha jurídica difícil y compleja. Más allá de los conocimientos técnicos y especializados, esta batalla era más fuerte que yo.  Era el flaco pastor ante el gigante Goliat. Era una lucha por lo justo, por la dignidad de la vida y la salud. Con oración, pedí a Dios que él venciera y, ese Dios vivo, extraordinariamente venció. Fue tan extraordinario el Señor que, por su rapidez, hasta por sorpresa me tomó.  

Esta experiencia en carne propia me hizo comprender que la fe, la diligencia y la paciencia deben ser una constante en nuestras vidas. La vida es aflicción. Ya lo dice Jesús, -en el mundo tendrán aflicciones, pero yo vencí al mundo- (Juan:16:33). Por eso, la fe es la certeza de que siempre estaremos mejor. La fe es la auténtica esperanza activa de vivir en la realidad que queremos, antes de que llegue. Sin olvidar, claro, que esa fe debemos unirla a la diligencia: “los proyectos del diligente ciertamente son ventaja” (Proverbios 21:5). La diligencia es el aporte humano del milagro; la fe el aporte divino. 

Y mientras, también, debemos armarnos de paciencia: “sé paciente y espera en el Señor” (Salmo 37:7). Tener paciencia es respetar el tiempo del proceso y el momento oportuno del resultado de la fe y la diligencia que es exclusiva decisión de Dios. Por eso, quien es paciente, tendrá mejor discernimiento en cada paso que dé  en pro de su causa: “el que es paciente muestra gran discernimiento” (Proverbios 14:29).  

Prometí honrar el nombre de Dios y de su hijo Jesús al momento que me regalara el milagro del cual gozo actualmente. Y hoy ante todos los que se han tomado el tiempo de leer este escrito. Antes usted. Ante ti: Alabo y honro la gloria de Dios.  

La fe, la diligencia y la paciencia son fuerzas poderosas que Dios nos da para usarlas a diario, pero no por eso estaremos exceptos del devenir del sufrimiento, las luchas, los esfuerzos y las lágrimas. Sin embargo, al final siempre nos espera la realidad concreta que nos promete ese otro devenir que es la esperanza.    

  

Por. Mg. Francisco Jiménez Barrios.

Lectura de referencia

Uprimny, R. (2025, abril 20). Grandeza de Cristo para los no creyentes. El Espectador. https://www.elespectador.com/opinion/columnistas/rodrigo-uprimny/grandeza-de-cristo-para-los-no-creyentes/

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