¿Legalización de la necedad?

                                                                           


                                                                                                                      “Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     Deuteronomio: 4:6.

        Howard Gardner aportó significativamente, a través de sus investigaciones, que los seres humanos poseemos inteligencias múltiples: lingüístico-verbal, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cinestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista. Sin embargo, al otro lado del espejo tendríamos que hablar también de las tonterías múltiples, que serían todo ese conjunto de conductas necias, idiotas y tontas que hemos asumido los seres humanos a lo largo de la historia. Esta es la dicotomía en la cual ha divagado la humanidad desde el Homo sapiens y/o desde la creación de Adán y Eva.

     En ese contexto, podríamos afirmar que, por encima de la inteligencia, está la sabiduría. La inteligencia no ha sido suficiente para evitar caer en los peores actos morales y éticos. Por ejemplo, un ser humano puede tener una alta habilidad lingüística y verbal, pero un pésimo manejo emocional e interpersonal. No obstante, una persona sabia, aunque no tenga un alto conocimiento técnico en matemáticas, jamás falsificaría en la Fundación San José un título como matemático. En efecto, cuando la sabiduría controla la inteligencia, esta última cobra un valor sustancial en lo social, lo familiar, lo espiritual, lo político, lo económico y lo cultural, que sostiene mayoritariamente la armonía en la sociedad.

     Lamentablemente, una gran parte de la ciudadanía del globo terráqueo se ha sumido, directa o indirectamente, en la tontería y la necedad. No es nueva la falta de inteligencia en la humanidad; cada época y cada generación han subsistido con su propio grado de ella. Lo innegable es que la necedad y la tontería se filtran con mayor ahínco donde reposa la escasez de sabiduría, aunque haya abundancia de inteligencia. ¿Por qué? Porque la sabiduría está ligada a estándares morales y éticos objetivos, invariables e innegociables, que comulgan con el sentido crítico, el sentido común, el dominio propio, la sensatez, la coherencia y la evaluación sincera de los efectos de las acciones en uno mismo y ante los demás.

     Un elemento jurídico que ha propiciado, en los últimos dos siglos, lo que llamaría la legalización de la necedad y la tontería es el derecho fundamental a la libertad de expresión y al libre desarrollo de la personalidad. No niego estos dos derechos esenciales; más bien cuestiono la actitud superlativa y casi absoluta que se les ha dado en los Estados sociales de derecho en el mundo. Verbigracia, si se interpela a un tonto, se considera casi, per se, un acto discriminatorio. La tontería o la necedad existen; no hay relativismo en ello. El necio es un peligro y, por ello, no se le debe extirpar, sino corregir, educar y no premiar. ¿Por qué? Porque contagia al ingenuo, al neófito y, en ocasiones, vicia al inteligente. Es más, ser tonto resulta cada vez más inaceptable cuanto mayor es la edad de la persona. Por ello, tanto la Biblia como los grandes filósofos siempre nos han advertido: «Solo los necios desprecian la sabiduría y la disciplina».

      Un tonto y un necio son menores de edad en el sentido de la Ilustración de Immanuel Kant. Por ello, no tienen dominio propio, crean contiendas, incitan riñas, son burlones, hacen alardes de su propia opinión, propagan calumnias, desprecian la corrección, generan ruina, no son buena compañía, conducen al desastre, son esclavos del deseo y reinan y alardean de su simpleza. Lo interesante es que esta necedad se amplifica en las redes sociales actuales y, a través de estas, encuentra su validación en el entretenimiento, además de apegarse al relativismo moral, refugiándose en los derechos humanos. Un necio y un tonto jamás son auténticamente libres.

¿Y las escuelas qué?

     Hay que estar atentos. La educación está permeada por la necedad. Siempre lo ha estado; sin embargo, nunca se había legalizado y justificado a través de una especie de normas blancas que, indirectamente, protegen al necio y al tonto. La ventaja es que la necedad, en las edades iniciales y durante la adolescencia, se puede corregir; el reto es que es necesaria la ayuda de la familia. ¿Y si la familia es necia? El desafío es grande. No obstante, el amor, el carácter, la paciencia y la constancia; además del auspicio de las autoridades, son fundamentales para salvar a las nuevas generaciones de este declive.

     En suma, la inteligencia no es suficiente para garantizar que una sociedad camine por la senda correcta y próspera. El conocimiento, por sí solo, es débil. La sabiduría es la trascendencia de la inteligencia, porque involucra el corazón, el alma y la espiritualidad. Ahora bien, ¿por cuál sabiduría guiarme? «Por sus frutos los conoceréis». El trabajo y el esfuerzo mismo por encontrar la verdadera sabiduría, sin desistir, ya es propio de sabios.

 Por: Mg. Francisco Jiménez Barrios

Comentarios

Entradas más populares de este blog

EL PELIGRO DENTRO DE LA DEMOCRACIA: EFECTO CRUCIFIXIÓN

¡Y ENTONCES! ¿CÚAL ES LA VAINA CON LOS DOCENTES?

¿LGTBIQ+ O EXCEPCIÓN DE LA PERSONALIDAD DIGNA DE RESPETAR? EL ASUNTO DE LA IDEOLOGIA DE GÉNERO